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sábado, 30 de agosto de 2014

Esoterismo y simbolismo - 5 de 19



V


LA CONSCIENCIA TIENE FUNDAMENTALMENTE DOS ASPECTOS: UNO ES EL RESULTADO DE COMPARACIONES, EL OTRO ES EL RESULTADO DE LA IDENTIFICACIÓN. LOS DOS ASPECTOS EXIGEN LA INSCRIPCIÓN; UNA ES ORGÁNICA O CEREBRAL, LA OTRA VITAL O FUNCIONAL.

SERÍA absurdo pretender un funcionamiento de consciencia idéntico tanto para la consciencia cerebral como para la Consciencia innata. Es necesario circunscribir el sentido de la palabra “Consciencia”, precisarlo. Nos falta un vocabulario adaptado a este sentido, tal como lo encontramos en el antiguo Egipto y en las lenguas hindúes, establecidas por los Maestros del Conocimiento.

Diremos, pues, que la consciencia cerebral es el resultado de la experiencia cuantitativa, una consciencia mecánica que procede de la comparación. La memoria en sí no es más que un disco de fonógrafo o una película cinematográfica.
Una noción aislada no es más que una parte grabada de este disco o una imagen de esta película. La memoria funcional, la definición de una noción registrada, empieza con la comparación. Es preciso, mecánicamente incluso, recurrir a la “Magia”, es decir, provocar el impulso por evocación. Un resultado particular, por ejemplo, evoca toda una escena vivida. Un perfume recuerda una impresión sentida, una palabra desencadena el recuerdo de un pensamiento oído o leído y puede engendrar una larga serie de “pensamiento”, es decir, de acordes. Es un “hecho” constatado sensorialmente el que despierta el recuerdo y es el acuerdo o el desacuerdo el que determinará un pensamiento lógico o ilógico o el sofisma. Todo el mecanismo cerebral podrá reproducirse mecánicamente. Esto demostrará a los más obtusos donde radica el error. Pero cuando queremos pasar del deber clásico (esta esclerosis del genio) al pensamiento fecundo no nos basta la mecánica cerebral. Cuando antes decíamos que debemos dirigirnos necesariamente a lo que constituye la verdadera Magia, la Evocación, que hay acuerdo o desacuerdo en la conexión de las nociones y los recuerdos, recurríamos a otro poder en nosotros, el que procede de nuestra consciencia innata, fuente del sentido de la Armonía. Este poder será, si es efectivo, la causa del Genio, del Pensamiento creador, en el sentido que sobrepasa lo conocido, lo clasificado.

¿No es esta consciencia de una vía nueva, impuesta al decadente mundo actual, la que incita al arte a destruir al ídolo de ayer para intentar la expresión irracional?

Se busca la concordancia de elementos de “sensaciones” olvidando su conexión racional – dejándose llevar por la inercia del hábito adquirido. Se crean medios, imágenes, formas que “evocan” un sentimiento, una emoción y provocan una reacción vital. Y el Arte es el heraldo de la mentalidad de una época, el portavoz de la tendencia íntima.

La Inteligencia del Corazón, que establece la relación de la Consciencia innata con la observación del hecho, es la Identificación.

Identificación significa vivir con y en el hecho observado, ser uno mismo ese hecho, experimentar, actuar, sufrir, alegrarse con él. Es la “Consciencia simpática” y no una consciencia subjetiva que la lógica pretende oponer a la Consciencia objetiva. Sin embargo, se presta a confusión: la consciencia cerebral se inscribe o se “grafía” en la materia cerebral como acabamos de decir y la Consciencia innata se inscribe en la naturaleza del organismo, o sea, que el móvil de su función es el impulso de su necesidad, la Idea o principio de Armonia. En el hombre, en el animal superior, esto crea la emotividad.

Cuanto mayor es la sensibilidad emotiva, mejor puede expresarse la Consciencia innata. Si el hecho observado provoca una “sensación”, una reacción emotiva, de tipo egocéntrico, estamos ante la consciencia subjetiva. Si el hecho es observado por una persona en estado de neutralidad, un estado impersonal, estamos ante la Consciencia simpática. De ahí que estos problemas se resuelvan en una cultura que implique un desprenderse del egoísmo y un dominio de la parte mental (del cine cerebral).

La inscripción de la Consciencia innata o simpática es vital o funcional, si se considera la vida en sí y la función en si, es decir, como principio mismo de la Naturaleza viviente. Este principio es una realidad al margen de la materia corporal, pero se encarna por la armonía de los elementos del ambiente.

Cuando existe un cierto número de elementos, su relación pondrá en marcha determinadas funciones: la tierra respirará, el cangrejo saldrá del mar, una planta germinará, la palmera macho crecerá inclinándose hacia la palmera hembra… La función es una necesidad y ésta forma parte de la ley vital, o génesis cuyo orden hace posible todo el juego de la Naturaleza; y su Conocimiento será la Ciencia Sagrada. Todo, absolutamente todo, obedece a este imperativo Divino, un conjunto simple de funciones impuestas al universo. Y ninguna Inteligencia podrá contrariar, ningún poder podrá obstruir este Orden, la Armonía de la Causa casual a través de la Causa Cósmica.

La encarnación en el hombre de todas las Necesidades u Órdenes funcionales de la armonía del Mundo es el Templo, donde la Energía creadora original pone en contacto “la Inteligencia del Corazón” de la Consciencia innata con el Universo: esto se realizará mediante la observación objetiva del hecho, con el fin de cumplir la Consciencia cósmica, independiente de las partes destructibles o mortales.

El hombre es, pues, un todo, producto final del universo, por ser centro de inscripción de la Consciencia, o sea, de todas las “relaciones” vividas a través de los reinos.

Debido a este hecho de la inscripción o duración de la Consciencia la biogénesis monista tiene un sentido, ya que la evolución biológica observada y el transformismo no son una causa sino una prueba por los residuos dejados, a través de la expansión de la Consciencia.

La Creación causa la evolución, pero la evolución solo es creadora para la inteligencia cerebral, la cual expresa la Consciencia del Conocimiento innato a través de la vida.

La Realidad, es decir, lo inmutable no es la historia o la evolución orgánica sino la manifestación de este estado trascendente que es la Consciencia.

La ciencia de este Retorno consciente a la Fuente (Cristo resucitado vuelve a la derecha de su Padre, y no se funde con Él) será la psicología espiritual y se dirige a nosotros en esta vida, a través de la Vida.

viernes, 15 de agosto de 2014

Esoterismo y Simbolismo - 4 de 19



R.A. Schwaller de Lubicz




IV


LA INTELIGENCIA DEL CORAZÓN ES PURAMENTE FUNCIÓN DE CONSCIENCIA VIVIDA E INNATA.


El corazón sigue su ritmo, pero no porque un motor le obligue a ello, sino porque él mismo es el motor del circuito sanguíneo. Cada célula del corazón sigue este ritmo y la experiencia del Dr. Carrel ha demostrado lo que ya conocía la Sabiduría antigua respecto a la Inteligencia Innata y la Consciencia. Todo ser orgánico (e incluso cada célula de los organismos de un ser organizado) tiene una parte de la Vida general, que es su especificación personal. No es solamente el corazón del hombre el que bate rítmicamente como un motor: hay seres acuáticos que son un gran corazón, podríamos decir, y representan el despertar de la Consciencia que será “Corazón”. Otra consciencia se hará hígado, otra pulmón, etc.: cada función tiene su órgano, el cual, comparado por ejemplo, con el mineral, aparentemente inerte, es la encarnación de una Consciencia, es decir, de una Función cósmica que ha recibido vida corporal. Seria un Museo más autentico que nuestros Museos cadavéricos el que considerará como historia natural “la Evolución de la Consciencia o Devenir de la Vida”.

Cada cosa natural en el Universo es un jeroglífico de la Ciencia divina. Cada animal, cada especie de planta, cada grupo mineral es una etapa de la “toma de consciencia” de la Causa cósmica para desembocar en el organismo total fiel hombre humano, el Microcosmos² - “el hombre a Su imagen”.

El todo, constituido de esta manera en un ser vivo, completo, es un lenguaje que habla, que se expresa sin cesar en la función viva, representando la base de la Inteligencia del Corazón, o sea, el Hecho que mantiene relación con toda la Naturaleza y por consiguiente la CONOCE.

Este Conocimiento no es objetivo sino real. La Realidad es unión de la Consciencia con el objeto: hay identidad. Es la función vivida aisladamente e innata en el organismo la que forma la Inteligencia del Corazón. Es evidente, pues que hay que transcribir en la consciencia cerebral y objetiva lo que está en nosotros, estableciendo la relación de esta Vida en nosotros con la observación de esta Vida en la Naturaleza. Esto lo encontramos muy bien expresado por los antiguos egipcios. Se trata del conocimiento de la Magia sana y pura, que puede conducir rápidamente a la meta espiritual de nuestra vida, porque podemos evocar, por simetría entre los análogos, en el ambiente, la Consciencia del Corazón que dormita en nosotros.


² En este caso el “Microcosmo” es una imagen para ejemplificar la idea desarrollada. Es realidad, el hombre es Universo y no un pequeño Universo a imagen de otro mayor.

martes, 15 de julio de 2014

Esoterismo y Simbolismo - 3 de 19



R.A. Schwaller de Lubicz


III


LA INTELIGENCIA CEREBRAL DEPENDE DE LOS SENTIDOS, DEL REGISTRO DE LAS CONSTATACIONES DE HECHOS Y DE LA COMPARACION DE NOCIONES. NINGÚN ELEMENTO DE LA INTELIGENCIA CEREBRAL ES ABSTRACTO Y TODA NOCIÓN CUALITATIVA O ABSTRACTA RESULTA DE LA COMPARACION ENTRE ELEMENTOS CONCRETOS.


El ÓRGANO cerebral pasa por varias etapas. Para ello es preciso que el organismo desarrolle tres facultades: la de los sentidos, la del registro de las constataciones y la de la comparación de las nociones así registradas, es decir, la memoria. La Razón, de la que hablaremos mas adelante, pertenece a un orden diferente. De momento nos referimos al animal humano. Los sentidos son los órganos de constatación de los “Elementos Principios”. El tacto corresponde a la TIERRA, o sea, todo aquello que presenta obstáculos materiales a la materia del cuerpo. El viento es Tierra en su calidad de cuerpo, como el agua o la piedra. Los sentidos solo puede constatar al oponerse una resistencia a una actividad. El gusto corresponde al AGUA; no se puede probar nada que no esté un poco disuelto, ya se trate de un gas o de un sólido. Así pues, hay un principio Agua en cada cosa. El olfato corresponde al AIRE, ya que no se puede oler nada que no sea volátil o volatizado a través del calor por ejemplo. En cada cosa hay, pues, un principio Aire. La vista corresponde al FUEGO. Nada puede ser visto si no hay una irradiación de Fuego, como un hierro en la oscuridad que, calentado por una energía invisible, pasaría del rojo oscuro a un blanco deslumbrante.

El color del fuego ordinario pertenece al tacto y no a la vista. Así pues, en todas las cosas visibles hay un principio Fuego.

El oído corresponde al Quinto Elemento, el VERBO, sensible físicamente, táctilmente, a través del sonido. Los cuatro sentidos llegan al cerebro: el quinto, el oído llega al “Corazón” sin dirigirse directamente al cerebro. Es el sentido espiritual, puerta de la Inteligencia del Corazón.

Todo tiene un sonido propio.

A través de los “Principios-Elementos”, todas las cosas se relacionan entre sí; las esferas por las que nuestra génesis humana no ha pasado todavía se nos escapan, mientras no podamos transformarlas y reducirlas al Principio-Elemento de las esferas de nuestra Inteligencia innata. Toda la instrumentación científica es una reducción de este tipo. Hay aspectos Fuego, Aire, Agua, Tierra que todavía no hemos vivido en los reinos que nos preceden. Es, pues, lógico admitir la existencia de un mundo que ínter penetra el aspecto de las cosas sensibles actualmente para nosotros, constituido por los mismos “Principios-Elementos”, del mismo modo que hay rayos (los infrarrojos y los ultravioletas) que nuestros ojos no pueden percibir. Esto hace referencia a la posibilidad de extender la sensibilidad de nuestros sentidos, pero la existencia del oído ya nos permite creer en la existencia de un estado PRINCIPIO o IDEAL, que correspondería, como los Principios-Elementos, a Principios Formas.

El hecho mismo de que exista en el hombre, una vez superado el simple estado animal humano, la posibilidad de concebir abstracciones que la inteligencia cerebral no puede comprender, demuestra la existencia de un Mundo, paralelo al nuestro en cuanto a su constitución, pero completamente diferente en cuanto a su aspecto, su extensión y su génesis; esta génesis sería entonces génesis del Retorno, del mismo modo que, del Origen hasta nosotros, existe una génesis del Devenir corporal.

Si la inteligencia cerebral, que vemos desarrollada en el aspecto animal superior del hombre, está limitada por la frontera impuesta a los sentidos. La Inteligencia del Corazón es independiente y pertenece a este grandioso complejo que denominamos Vida.

El Carácter fundamental de la Inteligencia cerebral es el haber nacido de la Dualidad, de la complementación de lo que podríamos llamar la SEXUALIZACIÓN DEL UNIVERSO. La calidad sólo se comprende a través de esta oposición de los complementos; por otra parte, la noción de Calidad sólo existe en la Naturaleza, es decir, en el Universo dualizado.

La Calidad define la Cantidad y, a la inversa, la Cantidad, comparada con otra Cantidad, define la Calidad. Toda noción considerada abstracta solo existe si podemos limitarla mediante una cantidad. Podemos comentarnos con palabras y decir, por ejemplo, “horizonte”, “eje” y construir frases con estas palabras; pero, cuando queremos analizar su sentido debemos objetivarlas, porque en caso contrario nuestro poder cerebral queda bloqueado. La abstracción tiene que concretarse porque, si no, no podremos comprender.

Es típico el ejemplo de la palabra EJE, ya que esta noción, considerada como imaginaria, no puede imaginarse, es decir, objetivarse. (No hay que confundir el Eje con el cubo de una rueda).

Y, sin embargo, el eje se impone en todo cuerpo rotatorio. Lo cual confirma la probabilidad de una inteligencia distinta a la de nuestras posibilidades cerebrales, puesto que nuestro mundo corporal nos muestra la existencia indiscutible de fusiones e incluso de formas que se nos escapan y se nos escaparán siempre disponiendo únicamente de esta herramienta cerebral.

Con el término “Inteligencia del Corazón”, empleado por los antiguos egipcios, designamos aquel aspecto del hombre que nos permite ir más allá de nuestra limitación animal y que constituye la característica necesaria del hombre humano para dirigirse hacia el Hombre Divino, es decir, el despertar de este principio Original que dormita en cada ser humano animado.
 

domingo, 15 de junio de 2014

Esoterismo y Simbolismo - 2 de 19


R.A. Schwaller de Lubicz

II



HAY EN EL HOMBRE UNA INTELIGENCIA CEREBRAL Y UNA INTELIGENCIA INNATA, LLAMADA “DEL CORAZÓN” QUE RESULTA DE LA FUSION POR IDENTIDAD DE LA NATURALEZA DE LA CAUSA CÓSMICA, CONTENIDA EN SU MATERIALIZACIÓN, CON ESTA MISMA CAUSA EN NOSOTROS.

COMO estamos situados “dualmente” ante la Naturaleza, la juzgamos objetivamente. El “pecado original” es la separación – y, en consecuencia, la oposición – de los aspectos complementarios cuya reunión constituye esta Unidad, así como los colores rojo y verde supuestos forman el “sin color”.

En esta Unidad nuestra inteligencia cerebral no puede discernir nada, de aquí que la inteligencia cerebral no intervenga. Necesita la oposición: nosotros y el objeto, el hombre y la mujer, sí y no, día y noche, luz y sombra. Esta es la ley de todo organismo vivo, un balanceo incesante entre el nacimiento y la muerte, entre crecimiento y decadencia.

Los bastoncillos rojos y los conos de la retina en el ojo interceptan el color verde, neutralizan este color y provocan la reacción complementaria en el nervio óptico, el cual verá el verde por oposición al rojo.

La función cerebral se basa en un principio de cruzamiento: así por ejemplo, la parte derecha del cerebro rige normalmente la parte izquierda del cuerpo. Del mismo modo, una imagen concreta, la visión de un objeto evoca su cualificación o descripción cualitativa y esto se lleva a cabo con elementos abstractos, los cuales resultan a su vez de comparaciones.

A la inversa, a la inteligencia cerebral le es imposible concebir una abstracción sin definirla a través de una imagen concreta. Hay que estar atento para no confundir los momentos de inteligencia cerebral con los momentos de la Inteligencia del Corazón, volveremos sobre ello. Siendo el origen del Universo una misma y única fuente “energética”, hay, debido a esta paternidad, una comunión entre todas las cosas del mundo. Hay un parentesco entre un mineral determinado, un vegetal, un animal y un hombre, que formará entre ellos un lazo de “naturaleza semejante” porque en último término solo hay una serie simple de caracteres básicos de donde, por agrupamientos, nacen innumerables posibilidades, y éstas se clasifican en grandes familias con sus correspondientes subagrupamientos.

A pesar de la diversidad de razas humanas que constituyen una multitud de individuos muy variados, todos los hombres se organizan esencialmente del mismo modo. Una sola cosa les distingue: su nivel de consciencia, del cual deriva su dominio mental, su particular vida psíquica y sexual, por consiguiente, sus afinidades.

El momento variable es, pues, de orden abstracto, pero en sus efectos es perfectamente observable y analizable.

La causa abstracta EN ESTADO DE GÉNESIS: en el esquema humano concreto y aparentemente estable de su constitución orgánica, escapa, por el contrario, al análisis racional. Es evidentemente una suma de experiencias puramente corporales lo que alimenta a esta Génesis, pero existe también una herencia en el individuo y los grupos. Todavía podemos hablar de adaptaciones fisiológicas transmitidas hereditariamente  pero, sin embargo, siempre hay un momento incomprensible, el que impulsa hacia esta Génesis y, en suma, lo que podemos denominar la concentración informe en la semilla que transmite. Ahora bien nuestro origen común no está tan lejos. No nos conduce a la “noche de los tiempos”: está siempre presente porque el hombre se nutre directa o indirectamente de todos los reinos y por eso entra en comunión constante con su particularidad y – por el origen mineral – con la Energía cósmica de donde proviene todo.

Nos es totalmente imposible concebir en el cerebro algo que no pertenezca a la Naturaleza concreta, que no hayamos vivido a través de nuestro devenir corporal. El perro no puede comprender al hombre; puede constatarlo físicamente porque es físico, pero no puede comprenderlo, como tampoco puede comprender el molusco al caballo ni la planta al molusco. Esto es debido a que les falta el órgano cerebral necesario, pero, ¿Qué hace este órgano? La planta que crece hacia lo alto, ¿comprende cerebralmente al cielo? Y, sin embargo, no se equivoca. Hay una inteligencia innata que es precisamente la Naturaleza característica de la Cosa. Y el hombre lleva consigo esta naturaleza innata: el mineral de sus huesos, el vegetal de los tejidos de sus órganos y el animal de la coordinación de sus órganos forman todo su laboratorio de asimilación y de transformación en ser independiente. Se resume con demasiada facilidad esta inteligencia innata con el nombre de “instinto”. No estaría de más saber en qué consiste y de dónde procede.

miércoles, 21 de mayo de 2014

Esoterismo y Simbolismo - 1 de 19



 
R.A. Schwaller de Lubicz






EL ESOTERISMO NO TIENE NADA QUE VER CON UNA VOLUNTAD DE SECRETO, ES DECIR, CON UN SECRETO CONVENCIONAL.

SI ASÏ fuera, deberíamos considerar que textos como el de las pirámides de Egipto, los Vedas y Upanishads indios. El Tao Te King chino, el Génesis de Moisés, los Evangelios y el Apocalipsis, por ejemplo ¹¹, son grandes mistificaciones.

Si, pongamos por caso, la intención de los Evangelios era dar a los hombres una moral de honradez, y si el camino para llegar hasta el “Padre” era explicable, ¿Por qué impedirnos alcanzar esta meta hablándonos a través de parábolas? ¿Por qué esconderían estos textos lo que puede decirse abiertamente para ayudar a los miserables de este mundo? ¿Por una perversa necesidad de crear misterios, o “hipnotizar al pueblo”, como afirman los materialistas”? ¿Porqué el mundo de entonces era demasiado inculto comparado con el nuestro, tan inteligente? ¿O porque estos profetas e inspirados divinos no sabían expresarse mejor”?

Tenemos suficientes testimonios acerca de la inteligencia, de la gran Sabiduría e incluso del elevado grado de civilización alcanzado por los pueblos del pasado como para prestar atención a suposiciones semejantes.

Por otra parte, ninguna criptografía, ningún jeroglífico es absolutamente indescifrable. Es absurdo creer que textos como los que nos ha legado en abundancia el antiguo Egipto presentan un sentido esotérico basado en este tipo de explicaciones, si este esoterismo puede expresarse por escrito. La criptografía y el jeroglífico, en la composición de un texto sagrado, no tienen otra intención que despertar el interés del lector, resaltar un aspecto del texto, guiar a fin de cuentas hacia su carácter esotérico. Lo mismo ocurre con los “juegos de palabras” y las parábolas.

El Esoterismo no puede ser escrito ni dicho ni, en consecuencia, ser traicionado. Hay que estar preparado para captarlo, verlo, escucharlo a su elección. Esta preparación no es un Saber sino un Poder y solo puede adquirirse mediante el esfuerzo de la persona, una lucha contra sus obstáculos y una victoria sobre su naturaleza animal humana.

Existe una Ciencia Sagrada y desde hace milenios y milenios innumerables curiosos han intentado en vano penetrar sus “secretos”. Como si, con un pico, quisieran cavar un agujero en el mar. El instrumento debe ser el adecuado. Sólo se encuentra el Espíritu con el Espíritu y el Esoterismo es el aspecto espiritual del Mundo, inaccesible a la inteligencia cerebral.

Son charlatanes los que creen poder revelar el esoterismo de tal enseñanza. Pueden tratar de explicar el sentido subyacente de una palabra o una fórmula, o sea, un secreto convencional, pero, en la Ciencia Sagrada, lo único que podrán hacer será sustituir las palabras y de ello resultará, como máximo, mala literatura en lugar de una idea simple.

El verdadero Iniciado puede guiar a un discípulo dotado para ayudarle a recorrer el camino de la Consciencia más rápidamente, y el discípulo, que llegará a etapas de iluminación gracias a su propia Luz interior, leerá directamente el esoterismo de cualquier enseñanza. Nadie podrá hacerlo en su lugar.



¹ Es inconcebible  que sabios. Filólogos, teólogos y en general todos los estudiosos de la historia no hayan comprendido todavía la importancia de los textos de las Pirámides. Ningún otro texto sagrado, guardado y transmitido a través de milenios, ha conservado su forma intacta. Si las transcripciones, traducciones y comentarios no han alterado el sentido fundamental, si dejan al menos un margen de duda respecto a la forma original vehiculo, precisamente del Esoterismo.

En los textos – grabados en piedra – de las cámaras de las Pirámides de la quinta dinastía se conservan desde hace cuatro mil años las palabras inalteradas. Algunos samaritanos guardan como reliquia sagrada una Biblia que consideran  auténtica y aquí algunos “civilizados”, vienen a estos santuarios con jazz en sus tocadiscos y los turistas ignorantes pero curiosos vienen a sacar sus mangas sobre estas piedras grabadas en las que caria rasgo, cada alimentación, cada agrupación de los textos, cada color tienen un valor – ya que aquí no podemos leer estas palabras, conservémoslas al menos para nuestros sucesores -. ¿No fue un gran mérito de la misión de Bonaparte el haber reconstruido escrupulosamente los textos cuyo desciframiento parecía imposible”?